29 oct. 2012

Triada de Micerinos


Autor: Desconocido

Fecha: hacia 2530-2500 a.C. IV Dinastía. Imperio Antiguo.

Localización: Museo Egipcio. El Cairo (Egipto). Procede del templo funerario del faraón Micerinos, situado junto a su pirámide, en Gizeh.

Estilo: escultura del Imperio Antiguo egipcio.


     Se trata de un grupo escultórico realizado en un sólo bloque (formando una L vista desde perfil) donde encontramos unos personajes realizados de piedra en altorrelieve. Nos representa al faraón Micerinos acompañado de su esposa (a su derecha) y la diosa Hathor (diosa del cielo y la fertilidad). El faraón está representado con una barba postiza y la corona blanca perteneciente al Alto Egipcio, viste con un sencillo faldellín llamado shenti, el cual deja al descubierto el torso, brazos y piernas. Se encuentra en actitud de avanzar, para lo que adelanta su pierna izquierda, mientras su musculatura queda muy marcada. Las otras dos figuras femeninas que le acompañan (Hathor y su esposa) se agarran con una de sus manos más próximas al faraón y van vestidas con sencillas túnicas casi transparentes que dejan entrever diversos rasgos anatómicos y poseen melenas que caen por delante del cuello para llegar casi hasta los pechos. Por un lado, Hathor está representada con unos cuernos de vaca en la cabeza y entre ellos el disco sola. Ésta avanza levemente su pie izquierdo, en actitud de inicio de la marcha, la otra diosa se mantiene por completo estática, con los pies juntos. Por otro lado, la mujer de Micerinos, tiene sobre su cabeza un emblema característico, en el que se diferencia un chacal. 

     Este grupo escultórico presenta rasgos geométricos con gran rigidez e hieratismo. Al igual que la disposición de los brazos, pegados al cuerpo y los puños cerrados. Podemos decir que esta obra está realizada para ser vista de frente.

     Micerinos, cuyo reinado se sitúa a mediados del tercer milenio a.C., es el último de los grandes faraones de la IV Dinastía, que supone tanto la consolidación del Imperio Antiguo egipcio como el incremento del poder real en el país, del cual son prueba evidente las colosales pirámides de Gizeh, de dicha época, que nos muestran a los  monarcas egipcios como criaturas divinas con acceso a tan espectaculares tumbas para disfrutar de la eternidad.  

     Hubo ocho triadas de Micerinos que se encontraban en ocho capillas del llamado Templo del Valle, pero se conservan cuatro.

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