13 de may. de 2013

Torre Eiffel



La Torre Eiffel es uno de los más significativos ejemplos de la arquitectura del siglo XIX, concretamente de la llamada “Arquitectura del Hierro”. Fue construida por el arquitecto francés Gustave Eiffel entre 1887 y 1889, para convertirse en símbolo de la Exposición Universal que se celebró en la capital francesa en el año 1889. Mide 305 metros de altura (llega a los 320 con la antena), con una anchura máxima, a nivel del suelo, de 125 metros. Fue la estructura más alta del mundo hasta la construcción del Edificio Chrysler de Nueva York, en 1930.

Tiene las características propias de esta nueva forma de hacer arquitectura que surgió a finales del siglo XIX: está enteramente realizada con hierro forjado, uno de los nuevos materiales del momento, que revolucionó la manera de construir. Este tipo de arquitectura utiliza el hierro de manera masiva, tanto para la estructura arquitectónica como para los elementos decorativos. Además, los arquitectos del momento se preocupan especialmente del carácter funcional de las nuevas construcciones, no solo de su sentido estético.

En la Torre Eiffel es imposible diferenciar interior de exterior, pues la estructura está formada por más de 18.000 piezas de hierro que forman una red estructural de vigas que aportan estabilidad a la torre; el diseño es un ejemplo de perfecta simetría.

En planta es un rectángulo en cuyos vértices se sitúan los cuatro pilares, de enormes dimensiones, sobre los que se apoyan los cuatro gigantescos arcos de la base, de 39 metros de alto y con un diámetro de 74 metros. Se construyeron enormes zócalos de hormigón para sostener los cuatro pilares, en los que se encuentran, además, los ascensores y escaleras. A medida que se asciende en altura, los pilares se curvan hacia el interior, para terminar finalmente convertidos en un único elemento. Se crea así un trazado piramidal que da gran sensación de verticalidad.

Sobre los arcos inferiores se sitúa una primera plataforma, a 57 metros del suelo, con una superficie de 4.200 metros cuadrados, y con capacidad para 3.000 personas. La segunda está a 115 metros (1.650 metros cuadrados y capacidad para 1.600 personas) y la última a 274. Esta plataforma superior alberga un mirador acristalado de 350 metros cuadrados, para 400 personas.

A las distintas plataformas se sube en ascensor o por escaleras. A pesar de que en la actualidad la torre Eiffel es, sin duda, uno de los más famosos símbolos de París y de Francia en general, lo cierto es que no fue bien acogida en el momento de su construcción, pues se consideró que no respondía al “buen gusto” de la época, y que era una construcción monstruosa e innecesaria en medio de la ciudad de la luz.

Años después se decidió desmontar la torre, pero los intelectuales franceses lo impidieron. La torre Eiffel se convirtió así en la gran muestra de la ingeniería moderna, muestra de los avances de la industria, de la técnica y de la ciencia, que había aportado mayor resistencia a los nuevos materiales de construcción.

La revolución arquitectónica que supuso la arquitectura del hierro, a finales del siglo XIX, se produjo como consecuencia de la Revolución Industrial, y conllevó no solo el uso de nuevos materiales, hasta entonces considerados poco nobles (hierro, hormigón, cristal...), sino también la creación, por parte de experimentados y famosos arquitectos, de otro tipo de construcciones: ya no se centraron solo en la construcción de palacios e iglesias, sino también en la creación de viviendas y multitud de edificaciones públicas que tenían fines concretos: puentes, bibliotecas, etc. La Torre Eiffel se convirtió en el símbolo del triunfo de los ingenieros sobre los arquitectos, de la arquitectura racional y utilitaria frente a la arquitectura historicista y ecléctica, que seguía utilizando formas y recursos de estilos del pasado.

La Arquitectura del Hierro se desarrolla en Europa, a partir del Palacio de Cristal de Joseph Paxton, construido en 1851 en Hyde Park, Londres, con motivo de la Exposición Universal celebrada en la capital británica; el arquitecto concibió un gran edificio de estructura completamente racional, basada en los invernaderos y construido con hierro y cristal. Paralelamente, se desarrolla en Estados Unidos una corriente arquitectónica con muchas similitudes, la Escuela de Chicago, caracterizada por la racionalidad de sus estructuras y la importancia de la función (Adler, Sullivan, W. Le Baron Jenney...), y que será el germen del Movimiento Moderno o racionalismo, estilo desarrollado a lo largo de todo el siglo XX.

1 comentario:

  1. A estado muy bien pero separa por párrafos es que entonces es un textochapuza pero si pones idea por idea te subiran el blog a unas de las web más exitadas de internet

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