9 abr. 2013

El fusilamiento del 3 de Mayo


Autor: Francisco de Goya

Fecha: 1814.

Época: 

Localización: Museo del Prado, Madrid.






     Los personajes de la izquierda se dividen en tres grupos: los que han muerto, aparecen apilados en primer plano, sobre sangre que llama la atención por su intenso color rojo, frente al ocre, los que esperan su turno para ser ejecutados están al fondo, en sombra, con distintas actitudes. Destaca el primero de ellos, que se lleva las manos al rostro, llorando. El grupo central es el de los hombres que están siendo fusilados; entre ellos destaca el hombre de la camisa blanca, que levanta los brazos y mira al frente, ofreciendo su pecho a los soldados. Representa al héroe nacional, que no tiene miedo a morir por su patria; su postura recuerda a un cristo crucificado, a la izquierda de la obra se representa a una madre con un niño en brazos, referencia a María con el niño. 

     Frente a los insurrectos, los soldados franceses son un enemigo anónimo y mortífero, una máquina de matar sin rostro, ya que no son nadie. Forma una diagonal que provoca que el espectador crea la escena desde el pelotón, pues además, por la postura de los soldados, sabemos que los disparos son inmediatos. 

     Toda la composición busca subrayar la expresividad de la obra; gama cromática reducida para mostrar la escena nocturna con colores como el marrón, gris, negros... escorzo y diagonales, importancia de la postura del personaje central. No hay líneas, la pincelada es suelta, creando manchas de coloro para crear los contrastes lumínicos, que contribuyen también a resaltar el dramatismo de la obra. Goya utiliza el juego de luces y sombras para dar más dramatismo a la obra. La luz principal procede del farol que se encuentra en el suelo, y crea efectos dramáticos al iluminar a las personas que van a ser ejecutadas y dejan en absoluta penumbra a los soldados franceses que se disponen a disparar. 

     En esta obra, Goya representa los fusilamientos que tuvieron lugar en Madrid tras el levantamiento del pueblo contra las tropas francesas, el dos de mayo de 1808; el pintor rompe con las costumbres artísticas del Antiguo Régimen pues no ensalza a un héroe individual, sino que el protagonista es colectivo y anónimo , el pueblo. Se considera una de las primeras obras del arte contemporáneo y esta concepción pesimista de la guerra la mantendrá Goya en obras posteriores, en “los desastres de la guerra”.

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